C.



lunes, 15 de diciembre de 2008

Sábado

¿Se me olvidó acaso?
Que podía encantar, reencantar
Ser bruja, princesa
Se me olvidó la puresa,
la sonrisa verdadera.
Boté acaso lo que me hacía creer,
que es posible el vuelo de la ilusión
y que los oportunistas no se cruzan en mi camino

Podré dejar de temerle a esta cursilería,
De aceptarla de una vez como parte de mi misma.
Dejar de escaparme de lo que no suena demasiado típico,
Tieso, ridículo. Solo dejar que el cuerpo hable porque al final,
más allá de todas las lecturas
de todos los estudios, y la pretensiones,
Es de lo que se trata esto.

Porque , lo siento, no tengo nada más que hacer en contra de este aburrimiento.
Me avergüenza el aburrimiento,
De los días pegados sin salida
No más que un conjunto de planes, de plazos que se van cumpliendo.
Qué más queda por comprender, por esperar
No queda nada más aquí dentro
Más que la capacidad de pretender que siempre queda algo, que parece tan cierta en los días alegres. La capacidad de fingir que sí le creo a tu beso,
Al contacto de las amistades
A la incondicionalidad de la familia
Al compromiso de un terapeuta. A la esperanza del dinero.
A la excitación de la traición, a la venganza justificada.
No queda nada, ni en ti ni en mí
Ni en la tele, ni en las tardes
En las fotos, en la comida, los viajes
En el emprendedor. No tengo nada aquí dentro para ti.
La alegría de tu presencia me pega un grito
Un memorando de traición, de mentiras.
No hay
No va a haber
Más que el seguir avanzando y seguir avanzando en más sábados tristes.