Los versos y las musas hoy no han querido levantarse.
Toman desayuno todos juntos viendo el matinal.
El Mal Poeta, frustrado, les lee poemas españoles clásicos,
Al tiempo en que se oyen los ingredientes de un pavo a la naranja.
C.
martes, 24 de noviembre de 2009
jueves, 19 de noviembre de 2009
El Mal Poeta
La cursi e inocente poesía del Mal Poeta
no tiene ganas de ser distinta.
Pero el Mal Poeta ha hecho esfuerzos.
De forma premeditada a incorporado ciertos guiños
que ni el propio poema entiende.
Indignados los versos han decidido de vuelta
dos veces guiñarle al Mal Poeta.
no tiene ganas de ser distinta.
Pero el Mal Poeta ha hecho esfuerzos.
De forma premeditada a incorporado ciertos guiños
que ni el propio poema entiende.
Indignados los versos han decidido de vuelta
dos veces guiñarle al Mal Poeta.
miércoles, 18 de noviembre de 2009
Princesa
Anoche una princesa cayó en tu cama.
Flotando se posó en medio de la soledad
y repartió sus besos abiertos sobre el colchón
sin guardarse ni luchar por ninguno.
Regaló su lengua y su vaivén
con la facilidad de una princesa,
sin luchas,
sin negaciones,
regaló su giro desnudo, su gemido,
te regaló una noche,
discreta y secreta te entonó una mañana.
Te prometió el mundo y se retiró en silencio,
como puta
y como señorita.
La princesa taconeó por el jardín,
olió tus libros, acaricio la mesa.
Durmió sobre el sillón,
abrió sus brazos en la cocina,
se dejó intimidar sobre las baldosas del baño.
Bailó en las almohadas,
suspiró tocando las paredes.
Bostezó mirando de frente el titular de un diario,
sorbió tu café.
La princesa dejó su nombre en el día escrito con un lápiz gastado.
Y al tiempo en que su perfume se desvanecía en las horas,
su caricia de niña enternecía al silencio,
suavizaba tu lengua, embellecía a las gatas,
corrompía al pudor.
Flotando se posó en medio de la soledad
y repartió sus besos abiertos sobre el colchón
sin guardarse ni luchar por ninguno.
Regaló su lengua y su vaivén
con la facilidad de una princesa,
sin luchas,
sin negaciones,
regaló su giro desnudo, su gemido,
te regaló una noche,
discreta y secreta te entonó una mañana.
Te prometió el mundo y se retiró en silencio,
como puta
y como señorita.
La princesa taconeó por el jardín,
olió tus libros, acaricio la mesa.
Durmió sobre el sillón,
abrió sus brazos en la cocina,
se dejó intimidar sobre las baldosas del baño.
Bailó en las almohadas,
suspiró tocando las paredes.
Bostezó mirando de frente el titular de un diario,
sorbió tu café.
La princesa dejó su nombre en el día escrito con un lápiz gastado.
Y al tiempo en que su perfume se desvanecía en las horas,
su caricia de niña enternecía al silencio,
suavizaba tu lengua, embellecía a las gatas,
corrompía al pudor.
martes, 17 de noviembre de 2009
Quiero quedarme en tu casa hoy,
esta noche
talvez mañana.
Quedarme aquí y que dejes las persianas sin abrir.
Que la luz y el día se vean solo a través de espacios.
Deja que me quede aquí.
La cama no la hagas,
no te levantes.
Quiero quedarme entre el tránsito del bostezo y el suspiro.
Media dormida, media despierta,
en el instante en que podría ser hoy cualquier día,
las cuatro, la una,
cuando podrías ser tú tanto un desconocido como mi propia sombra.
Al tiempo que seas cruel y transparente
me quedaré aquí,
mientras no abras la ventana, ni enciendas la ducha
ni te quedes del todo otra vez dormido.
esta noche
talvez mañana.
Quedarme aquí y que dejes las persianas sin abrir.
Que la luz y el día se vean solo a través de espacios.
Deja que me quede aquí.
La cama no la hagas,
no te levantes.
Quiero quedarme entre el tránsito del bostezo y el suspiro.
Media dormida, media despierta,
en el instante en que podría ser hoy cualquier día,
las cuatro, la una,
cuando podrías ser tú tanto un desconocido como mi propia sombra.
Al tiempo que seas cruel y transparente
me quedaré aquí,
mientras no abras la ventana, ni enciendas la ducha
ni te quedes del todo otra vez dormido.
lunes, 16 de noviembre de 2009
A Feña y Las Azucenas
Si el mundo se cae hoy quisiera estar colgada a ti.
Si todo se derrumba ahora
quiero abrazarte,
escondidos los dos en una gruta,
llevarte conmigo a un vientre materno.
Cerrar los ojos los dos,
apretados,
debajo de las mantas fingiendo dormir en silencio.
Si todo termina,
si el caos,
si el fin,
aparece para abrazarte,
enterrados, invisibles,
como en esas siestas largas,
esas tardes que eran noche y mañana,
en que la luz quería protegernos
y el ladrido de los perros se burlaba del tiempo.
Júrame
que tendré tu abrazo
cuando todo caiga sobre mí.
Si el mundo se cae hoy quisiera estar colgada a ti.
Si todo se derrumba ahora
quiero abrazarte,
escondidos los dos en una gruta,
llevarte conmigo a un vientre materno.
Cerrar los ojos los dos,
apretados,
debajo de las mantas fingiendo dormir en silencio.
Si todo termina,
si el caos,
si el fin,
aparece para abrazarte,
enterrados, invisibles,
como en esas siestas largas,
esas tardes que eran noche y mañana,
en que la luz quería protegernos
y el ladrido de los perros se burlaba del tiempo.
Júrame
que tendré tu abrazo
cuando todo caiga sobre mí.
lunes, 9 de noviembre de 2009
Vuelvo a leer lo escrito y nada ha cambiado...
Ellos no han cambiado a nadie.
No han hecho avanzar al tiempo
ni me han traido de vuelta el tiempo que me pertenece.
Las palabras forzadas,
paridas,
no han servido de nada, no han tocado al mundo,
no han movido los hilos a los cuales
-era mentira-
se suponen conllevan.
Ni siquiera han logrado salir de aquí.
Cada pequeña letra en la soledad me acompaña,
ni ellas ni yo servimos al mundo,
retumbamos sordas sin referir.
Yo arrojé los dardos en palabras
y desperté esta mañana airosa
pero no habíamos ganado nada,
no existía batalla.
El sol estaba allí
y ahora llega la noche,
tuve hambre y sueño, reí, bostecé
y las cosas no habían cambiado, no había pasado nada.
Yo cambié los sentidos,
exploté el pecho,
humedecí los ojos, grité todas las letras,
las arrojé al suelo,
las obligué a que se levantaran,
supliqué con ellas y esta mañana
la ducha, el té, la ropa,
el mundo no había cambiado.
Entonces hoy
las desarmo,
me las traigo de vuelta,
las dejo algunas tiradas sobre la alfombra,
guardadas las que corresponden
en el cajón del velador,
(otras en secreto bajo la almohada… )
Las dejo, las revuelvo, las callo,
ellas no podían cambiar al mundo,
tampoco te han traido de vuelta.
Empiezo a pensar que quizás son ellas mismas las que te han perdido...
Ellos no han cambiado a nadie.
No han hecho avanzar al tiempo
ni me han traido de vuelta el tiempo que me pertenece.
Las palabras forzadas,
paridas,
no han servido de nada, no han tocado al mundo,
no han movido los hilos a los cuales
-era mentira-
se suponen conllevan.
Ni siquiera han logrado salir de aquí.
Cada pequeña letra en la soledad me acompaña,
ni ellas ni yo servimos al mundo,
retumbamos sordas sin referir.
Yo arrojé los dardos en palabras
y desperté esta mañana airosa
pero no habíamos ganado nada,
no existía batalla.
El sol estaba allí
y ahora llega la noche,
tuve hambre y sueño, reí, bostecé
y las cosas no habían cambiado, no había pasado nada.
Yo cambié los sentidos,
exploté el pecho,
humedecí los ojos, grité todas las letras,
las arrojé al suelo,
las obligué a que se levantaran,
supliqué con ellas y esta mañana
la ducha, el té, la ropa,
el mundo no había cambiado.
Entonces hoy
las desarmo,
me las traigo de vuelta,
las dejo algunas tiradas sobre la alfombra,
guardadas las que corresponden
en el cajón del velador,
(otras en secreto bajo la almohada… )
Las dejo, las revuelvo, las callo,
ellas no podían cambiar al mundo,
tampoco te han traido de vuelta.
Empiezo a pensar que quizás son ellas mismas las que te han perdido...
domingo, 8 de noviembre de 2009
noviembre
Qué se quedó allí entre tu ropa.
Qué veneno pusiste en mi sueño
que estoy tratando de esbozar palabras,
de hacerlas parir.
En el proceso de escribir lo que no se debe,
lo horrendo de lo explícito
para exorcizar eso que dejaste,
o hacer volver aquello que se me quedó.
Algo se me quedó en tu casa que podrías devolverme.
Te metiste en mi cartera a oscuras,
ladrón,
y robaste la ilusión guardada,
las migajas pocas que tenía, como un rastrero te las robaste a mis espaldas,
dejaste que se me perdieran sin consciencia o,
quizás,
solo pusiste en mi boca este silencio,
en mis ojos este peso,
dibujaste sin preguntarme una arruga más en mi frente,
te deshiciste de tu ausencia cargándomela en los bolsillos y yo
sin darme cuenta
me fui pesada, vacía,
drogada,
partida.
Dónde está tu casa ahora,
cuándo borraste tu calle de todos los mapas,
mis llaves las quebraste, apagaste la luz.
Me negaste tu imagen,
te quedaste con tu rostro,
escondiste al olvido entre mi pelo, me rozaste con el fin.
Dónde escondiste tu puerta,
cuándo desordenaste todos los números.
Qué veneno pusiste en mi sueño
que estoy tratando de esbozar palabras,
de hacerlas parir.
En el proceso de escribir lo que no se debe,
lo horrendo de lo explícito
para exorcizar eso que dejaste,
o hacer volver aquello que se me quedó.
Algo se me quedó en tu casa que podrías devolverme.
Te metiste en mi cartera a oscuras,
ladrón,
y robaste la ilusión guardada,
las migajas pocas que tenía, como un rastrero te las robaste a mis espaldas,
dejaste que se me perdieran sin consciencia o,
quizás,
solo pusiste en mi boca este silencio,
en mis ojos este peso,
dibujaste sin preguntarme una arruga más en mi frente,
te deshiciste de tu ausencia cargándomela en los bolsillos y yo
sin darme cuenta
me fui pesada, vacía,
drogada,
partida.
Dónde está tu casa ahora,
cuándo borraste tu calle de todos los mapas,
mis llaves las quebraste, apagaste la luz.
Me negaste tu imagen,
te quedaste con tu rostro,
escondiste al olvido entre mi pelo, me rozaste con el fin.
Dónde escondiste tu puerta,
cuándo desordenaste todos los números.
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