C.



domingo, 6 de septiembre de 2009

En la inspiración he recordado

Soy la mitad de una mujer que se endurece y se seca en su entrega,
y llevo encima algunos restos de esa que vive ilusionada en el intento
de creerle a la alegría del sol a diario.
Le temo a la parte de mí que se sulfura, tanto como a la débil enamorada de un amante funesto.
Pero tengo el coraje para desear sin razones el lado más primario y cruel de tu alma. La soltura para envolverte en un ego-¡cuidado!- venenoso, al vanagloriar tus pestes.
Tengo la sublime inteligencia, heredada de mi casta entera, para hacerte embriagar de tus miserias, pero sigo siendo
La mitad de esa mujer que espera , ahogada en su estado de silencio y ardor, el minuto preciso para clavarte mi repudio, al tiempo que esbozo un te amo en la mirada.
La mitad de mí está acabada, muerta siempre antes de nacer. Convive en la gruta, moribunda y bastarda, junto a esos pedazos inspirados de dulzura que tan verdaderos crees de mí.
En mi beso, tierno, pululan la mentira, la desfachatez, lo amargo. El olvido
de esa media mujer que no conocerás ni en el intento de poseerla, porque se ha escapado ya en el primer sí de tu boca. Condenado estás y estamos de desear que regrese y de lidiar con esta otra, que en el amar no termina de aborrecerte.