C.



miércoles, 18 de noviembre de 2009

Princesa

Anoche una princesa cayó en tu cama.
Flotando se posó en medio de la soledad
y repartió sus besos abiertos sobre el colchón
sin guardarse ni luchar por ninguno.

Regaló su lengua y su vaivén
con la facilidad de una princesa,
sin luchas,
sin negaciones,
regaló su giro desnudo, su gemido,
te regaló una noche,
discreta y secreta te entonó una mañana.

Te prometió el mundo y se retiró en silencio,
como puta
y como señorita.

La princesa taconeó por el jardín,
olió tus libros, acaricio la mesa.
Durmió sobre el sillón,
abrió sus brazos en la cocina,
se dejó intimidar sobre las baldosas del baño.

Bailó en las almohadas,
suspiró tocando las paredes.
Bostezó mirando de frente el titular de un diario,
sorbió tu café.

La princesa dejó su nombre en el día escrito con un lápiz gastado.

Y al tiempo en que su perfume se desvanecía en las horas,
su caricia de niña enternecía al silencio,
suavizaba tu lengua, embellecía a las gatas,
corrompía al pudor.

2 comentarios:

Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
T.H.L. dijo...

me encanto este, hasta yo me sentí seducida por la princesa, tan sutil pero muy coqueta. :)