Esta estúpida estúpida estúpida condena.
Este condenado ritmo latigoso.
Del que
ya veo, ya entiendo
no podré nunca despojarme.
Y el delimitado parlamento
conjunto de figuras que me esperan
en fila me esperan confiadas
siempre en mi vicio y ansiedad.
Y este yo yo yo que no calla.
Y el mundo que en la autoficción se sasea,
en el orgasmo y el azúcar
Hinchándose de ironías el esófago.
Un gordo avergonzado
escondido en la carcajada de su verguenza
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